EL DUELO EN LOS NIÑOS

EL DUELO EN LOS NIÑOS

Hablar de las pérdidas nunca es fácil. Cuando perdemos a un ser querido siempre sufrimos y los niños no son una excepción.

En el momento de la pérdida sentimos el dolor y el vacío y nos cuestionamos muchas cosas. Entre ellas, cómo podemos ayudar a nuestros hijos a gestionarlo. Si ya es difícil para nosotros, ¿de qué manera podemos ayudar a nuestros hijos a superarlo? Queremos protegerles y generalmente solemos no hablar de la situación y no hablar de nuestros sentimientos.

Y lo que hay que tener presente es que el proceso de duelo y de la pérdida es totalmente normal y que los niños también deben afrontarlo aunque siempre adaptado a su edad.

Los niños muy  pequeños no son conscientes de lo que significa la muerte. Sobre los 2 – 3 años el niño sí que se da cuenta de la pérdida, de que una persona que estaba a su lado, con la que compartía momentos, deja de estar ahí. Pero le es imposible entender el significado de la muerte. En esta edad lo perciben como una separación temporal: se han ido pero volverán. Y es con el paso del tiempo y su propia evolución madurativa que llegan a la conclusión que nunca regresarán. No guardan recuerdos vívidos en esta edad.

A los 6 – 7 años los niños pueden entender lo que es la muerte en cuanto a que un ser deja de vivir, pero con su imaginación y el “pensamiento mágico”, creen que pueden volver a vivir.

Entre los 9 – 10 años los niños ya son capaces de entender la muerte y lo que conlleva, el carácter irreversible de la misma. Son más conscientes de la pérdida y esto les provoca un gran dolor.

Es positivo no ocultarles una pérdida a los niños. Hay que explicarles lo que ha ocurrido (en caso contrario verán que algo raro pasa y empezarán a crear sus propias “cábalas” al respecto) y ser sinceros con ellos, pero siempre adaptado a su edad. Acompañarles y estar atentos a cualquier comentario que quieran hacer, responder sus dudas y acompañarles en el proceso.

También es importante explicarles cómo nos sentimos nosotros, nuestros miedos, para que ellos mismos se atrevan a expresar sus emociones, y que no están solos en este “caos” interno que sufrimos ante una situación de este tipo.

Permitirles que se despidan de la persona fallecida, pero insisto, siempre adaptándolo a su edad: un escrito, un dibujo, unas flores… y que participen a su manera.  La muerte forma parte de la vida y los niños tienen que aprender a afrontarla.

También es importante que participen de los ritos funerarios siempre que ellos quieran (a partir de los 6 – 7 años) ya que les ayuda a entender mejor lo que es la muerte. Y siempre que acudan hay que explicarles antes lo que se hará para que no les venga de nuevo.

“Cuando ayudamos a nuestros hijos a curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de todas – la muerte de un ser querido – , los estamos dotando de unas capacidades y una comprensión importantes, que les servirán para el resto de sus vidas”. William C. Kroen.

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